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Una cena inolvidable.

 


—Que buen clima hace hoy —exclamó Julie, mientras apretaba con fuerza el cuchillo que tenía en su mano.

—Sí, es maravilloso —respondió Mike con pronunciada sonrisa. 

—¿Qué tal estuvo tu... —el golpe seco de la puerta contra la pared interrumpió su pregunta. 

—...día? Estuvo genial cariño —completó la frase con prisa.

El viento continuaba sacudiendo incesante la puerta de tela metálica. 

La miró a los ojos. Después desvío la mirada hacia un lado. 

Se escuchó un ruido creciente.

Ninguno volteó.

—¿Qué te parece la comida que he preparado? —levantó su mirada para verlo a los ojos. 

Estaban vidriosos. No parpadeó.

Mike pasó saliva. 

—Se ve deliciosa, tú sabes cuánto me encantan las torrejas con miel.

El sonido se cortó.

Julie suspiró. 

Con su mano temblorosa clavó el tenedor en el pan y comenzó a cortarlo.

Él contuvo el aliento mientras tomaba el recipiente con miel. Hundió la cuchara.

Ella tomó el trozo de pan y lo acercó lentamente a su boca. 

Algo sonó. Ahora más cercano. 

—La miel cariño, recuerda ponerle —masculló Mike, mientras le acercaba el recipiente.

Con movimientos torpes untó miel sobre el pan.

Julie llevó el trozo de pan hasta su boca. 

Dudó un momento. Después lo comió.

Frunció el ceño y comenzó a masticar. 

Parpadeo. Algo húmedo le recorrió la mejilla.

Mike miró hacia otro lado.

El ruido estremeció el lugar. 

Con brusquedad llevo su bocado frente a su boca. 

Lo miró, hizo una mueca. 

Lo tragó de un bocado. 

Masticó con fuerza, apretando la mandíbula.

—¡Está delicioso!—exclamaron ambos con una sonrisa.

La miel les resbaló por la barbilla. 

El silencio se volvió absoluto.

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