Incapaz de procesar lo ocurrido, Andrés llenaba su vaso con la cuarta ronda de tequila. Sus manos se estremecían aún. No sabía la causa. Las heridas. O su mente.
—Maldita sea, chico. No debí haberte llevado conmigo.
—Golpeó el vaso contra la fría mesa de arce barnizado.
—Esto no debía suceder —sollozó mientras se pasaba otro trago de amargo licor.
—¿Qué carajo era esa cosa? ¿Por qué no me atacó a mí? Habría sido mejor que lo hubiera hecho.
—Intentó servirse un trago más, pero la botella resbaló de su temblorosa mano.
—¡Maldición! —espetó con rabia creciente mientras apretaba con fuerza el duro cristal hasta que sus heridas volvieron a sangrar.
Finalmente lo arrojó al suelo, junto a la botella ya rota, y dejó caer su cabeza sobre su antebrazo, apoyado en la mesa.
***
—Directora, la busca un reportero. —exclamó la secretaria del colegio.
—¿Un reportero? ¿Qué quiere? —respondió Lucía frotándose las sienes con un visible gesto de irritación.
—Dijo que es algo sobre un texto en una extraña lengua. Que solo puede recurrir a usted para ayudarlo. —Reflexionó un momento, antes de dar respuesta.
—De acuerdo, dile que pase.
Las entrevistas eran algo que no terminaba de agradarle. Sin embargo, aceptó la visita porque disfrutaba la idea de alardear un poco sobre su preparación profesional.
—Adelante, pase señor...
—Andrés —interrumpió de forma abrupta a la secretaria a la vez que se levantó de su asiento.
En el momento en que cruzó la puerta observó a una joven directora. —no pasa de cuarenta años —especuló. Estaba sentada tras un reluciente escritorio de caoba.
Detrás de ella colgaban títulos y certificaciones con las que contaba. Maestría en Estudios Prehispánicos versaba uno de ellos. Ese fue el único que leyó dos veces.
—Tome asiento, señor Andrés.
Se detuvo un instante en el rostro ojeroso y sin afeitar.
—Dígame en qué puedo ayudarlo —pronunció con voz serena, acostumbrada al trato con exigentes padres de familia.
—Verá... necesito su ayuda.
Estoy trabajando en un artículo sobre el legado prehispánico en la región.
Pregunté por alguien que pudiera asesorarme.
Me dieron su nombre y aseguraron que es usted una experta en el tema.
—No le mintieron al respecto —respondió arqueando las cejas y levantando levemente la barbilla.
—Tengo conmigo una foto de un escrito tallado en piedra. Fue recién descubierto en una excavación a unos treinta minutos de aquí. Quiero pedirle prestado su talento para realizar una traducción del escrito e incluirlo en el artículo. Por supuesto dándole su debido crédito.
—Permítame darle un vistazo. —Tomó la fotografía que el veterano había impreso para este momento. Observó la foto con detenimiento paseando la mirada de un lado al otro. Se detuvo. Repasó la misma línea por tercera vez. Más despacio.
Frunció el ceño por un segundo.
Continuó.
—Parece ser Irritila —dijó tras una breve pausa—. Una lengua de las tribus nómadas que habitaban la región.
Andrés la observó un instante antes de hablar.
—¿Es muy antigua?
Lucía acomodó la hoja antes de responder.
—De hace más de 2000 años. —Deme un momento —musitó antes de sacar una hoja y pluma de su escritorio.
El silencio en la oficina era tal que podía escuchar el leve roce de la pluma contra el papel.
—Es una traducción parcial del primer párrafo. Para traducirlo completo necesito más tiempo —dijó finalmente, extendiendo la mano sin mirarlo.
Andrés tardó un segundo en tomarla.
Dentro de esta urna se encuentran los restos ...imposibles de destruir de Cachiripa ...demonio del desierto usurpador de almas ...azote de nuestro pueblo ...sellado por la magia y sacrificio de nuestros sacerdotes.

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